Artículo sobre comunicación y educación
Asignatura: Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Educación
Profesor: Víctor Amar
Curso: 2º Educación Infantil. 06/07
Comunicación y educación universitaria:
un paradigma impostergable
Jorge Cortés Montalvo *
RESUMEN: La construcción de la sociedad global descansa en el fenómeno de la pancomunicación, en referencia a los flujos, correlaciones y desarrollos tecnológicos entre información y comunicación. Se advierte un rezago en múltiples áreas de educación profesional respecto a esta situación, fundamentalmente en los procesos de análisis del componente mediático que determina el conocimiento y sentido de la actualidad mundial. Se plantea una preocupación por la falta de una estructura formativa de educación mediática en las instituciones públicas de educación superior y se propone su inclusión en cuatro niveles de aplicación, salvando las diferencias entre educación para la información y educación para los medios. PALABRAS CLAVE: Medios/ Educomunicación/ Educación superior/ información/ Sociedad de la información y la comunicación.
Hace apenas unos días sostenía el siguiente diálogo con uno de mis estudiantes avanzados de ciencias de la información:
-Profesor, ya se enteró que eliminaron a los hijos de Sadam, dos ases de la baraja
-¿Cómo, quiénes?
-Los marines norteamericanos, por fin dieron con ellos
-Los asesinaron
-No, murieron en un enfrentamiento, se defendieron por varias horas con armas de alto poder
-¿Cuándo fue eso?
-Apenas ayer
-¿Y cómo te enteraste tan pronto?
-Salió en todos los noticieros anoche, en CNN el primero.
- Y eso te parece positivo
- Pues es un avance, Irak no estará completamente liberada hasta que den con el propio Sadam.
.........
Semanas atrás, días previos a los más recientes comicios federales me comentaba la mujer que atiende el almacén de comestibles:
-Ya vio doctor que el PRI va a recuperar las curules pérdidas en la Cámara de Diputados
-¿Qué le hace pensar eso?
-En las encuestas que publican los periódicos los candidatos del PRI aparecen como favoritos
-y ¿les cree a los periódicos?
-Es que también en los noticieros de la radio dicen lo mismo, además, compré un periódico del D.F., El Universal y coinciden las preferencias
-y usted ¿por quién va a votar? –Pregunté-
-Pues si es que voto, yo creo que por el PRI
- y ¿por qué?
-hay doctor, a nadie le gusta estar con los perdedores.
Podría referir decenas de charlas de este tipo, en donde las personas más o menos informadas tienen firmes opiniones sobre multitud de situaciones, asumen una postura que creen la más acertada y norman su comportamiento con base en tales posturas y opiniones.
Las personas por lo regular se enteran de lo que está pasando en el mundo a través de los medios de comunicación, la información de primera mano, es la que obtienen sólo en la medida y en los formatos en que los medios dan tratamiento al conjunto de asuntos que se privilegian y que constituyen la agenda temática de los medios. En realidad de lo que la gente se entera, es de lo que dicen los medios de comunicación que ocurre en el mundo, con las limitaciones de cada medio. En consecuencia, la gente está al tanto de una realidad social en cierto sentido creada por los medios, que, aunque tenga relación y referencia directa con la "realidad real" (valga la redundancia), no es propiamente dicha realidad, sino la realidad producida y adaptada según el formato de cada medio, es decir, la realidad de los medios, y a lo mejor no hay otra manera. La gente cree pues estar enterada de lo que pasa en su localidad, en la región, en el país y en el mundo, pero es un conocimiento un tanto sesgado o, en el mejor de los casos, sumamente parcial, ya que la gente ignora como se produce la noticia, las características técnicas de su elaboración, selección y tratamiento, así como buena parte de los códigos y metalenguajes que se utilizan en los medios a través de los cuales se difunde. Lo anterior no constituye ninguna novedad, ya se ha dicho y repetido, desde hace décadas, una y otra vez, por múltiples autores e investigadores que los medios tienen una gran capacidad para crear "realidades" y presentarlas a sus audiencias como "la realidad", y sería un debate gastado a no ser porque esta situación es del dominio de comunicadores y periodistas expertos y de algunos académicos versados en el tema, pero no para otros profesionistas y para el público masivo, por lo general, legos en la materia.
Sería inexacto, sin embargo, pensar que cabe una actitud perversa y maquiavélica en el proceder de los medios, (con sus excepciones, claro). En su devenir, ajuste, desarrollo y proceso de profesionalización, los profesionales de la noticia y en general los medios de comunicación, hacen lo posible por ampliar y flexibilizar sus formatos, por presentar la información de manera objetiva (si cabe el término), clara, comprensible y desde diversos ángulos. Muchos periodistas se encuentran francamente comprometidos con su oficio y ponen su empeño y su talento para hacer el mejor periodismo posible, asumen un compromiso, por lo menos, con la credibilidad, en virtud de que de eso depende la vida de cada empresa informativa. No es el cometido de los medios, no obstante su capacidad para, sin duda alguna, formar criterios, educar y hacer escuela, servir propiamente como instancia educadora, en el sentido lato del concepto. Corresponde al ámbito académico, en todos sus niveles y modelos, asumir la responsabilidad de crear las condiciones para educar a las audiencias y ponerlas en capacidad de leer más allá de la nota periodística, para ver y escuchar con ojos y oídos críticos la versión radiofónica o televisiva de los noticiarios y también, para estar en capacidad de producir sus propios mensajes mediáticos.
La preocupación que inspira esta participación, radica fundamentalmente en la falta de una estructura que comprenda, de manera incluyente, este componente de la formación académica en el ámbito de la educación superior en nuestras instituciones públicas, en sus modalidades universitaria y tecnológica y en general, en la educación terminal.
Es verdad que en las últimas décadas se ha puesto un especial interés en incluir en los niveles elementales y medios de la educación, contenidos de educomunicación, incluso hay países donde esta es obligatoria, pero la pedagogía reviste características distintas a la andragogía, y se ha descuidado, a nuestro parecer, la cuestión de la educación para los medios en el nivel universitario y extrauniversitario. Al menos eso hemos detectado en nuestras investigaciones en instituciones del norte de México.1
Existen notables diferencias cualitativas de los programas básicos de educación, dirigidos a niños y adolescentes con diferentes niveles de desarrollo intelectual y emocional, con respecto a los adultos, que incluye a los jóvenes desde los 17 o 18 años que ingresan al nivel superior de educación, estos tienen por lo regular otras motivaciones y otras circunstancias de aprendizaje, también los adultos que no estudian propiamente en las instituciones educativas, pero que de cualquier manera aprenden en "la escuela de la vida," donde los maestros son literalmente los medios de comunicación, igualmente tienen otras motivaciones y otra percepción del mundo y su realidad que un escolar.
Nos encontramos pues a brillantes profesionistas, a estudiantes avanzados y en general, a la gente preocupada por los avatares de la vida cotidiana, con un elevado nivel de analfabetismo mediático y analfabetismo informativo, aspectos ambos, que suelen utilizarse como sinónimos pero que revisten significados distintos. Entendemos por alfabetización informativa, la capacidad elemental para buscar, localizar, recuperar y organizar datos e información aplicables a la solución de problemas teóricos y técnicos, en esto consiste la transformación de la información en conocimiento.2 El éxito de este proceso da lugar a la generación de nuevos datos e informaciones que convenientemente organizados y almacenados, permitirán eventualmente ser aplicados a la solución de nuevos o diferentes problemas teóricos y prácticos, en eso consiste la transformación del conocimiento en información, y así ad infinitum.
En cuanto a la alfabetización mediática, rescatamos la definición con que nos provee José Martínez-de-Toda y Terrero:3
"Educación para los medios es un proceso que busca formar e informar en el sujeto un conjunto de dimensiones educativas que empiezan por la alfabetización mediática; es decir, generar una mentalidad consciente, activa, crítica, social y creativa. Tal educación debe permitirle participar como generador, y no sólo como audiencia pasiva en la cultura popular contemporánea, tal como es presentada en los medios masivos."
Ambos componentes deberían sin duda estar comprendidos en los programas educativos, y aunque la educación para la información empieza a ser relevante en los nuevos modelos curriculares, se soslaya la educación para la comunicación o simplemente se pondera como una competencia secundaria. Podemos encontrar evidencias del primero de ellos, pero en lo que respecta a la educación mediática, su inclusión es acaso un tanto nebulosa y asistemática, cuando no inexistente.
La estructura de los modelos de formación universitaria y tecnológica en América Latina, han sido comprometidos con la globalización por recomendaciones de organismos tales como la OCDE (Organización Mundial para el Comercio y el Desarrollo)4 y la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura), avalados por el Banco mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Los tres conjuntos de competencia en torno a los cuales se sigue la propuesta formativa en la educación superior son:
1. [Competencias de conocimiento] Saberes (relacionado con la educación para la información, en el sentido de que establece competencias de adquisición o dominio de datos e información) por lo regular, en la sociedad de la información y el conocimiento, de lo que se trata es de aprender a identificar donde está la información pertinente y como acceder a ella, para distintos procesos de carácter productivo y su aplicación dentro de la disciplina. El cuestionamiento o análisis de dicha información, si es que se da, sigue un criterio pragmático, es decir, se evalúa si es o no útil a los procesos particulares y si es o no accesible a determinado tipo de usuarios.
2. [Competencias de aplicación] Haceres ( se refiere a la habilitación en competencias técnicas o de destreza y dominio de herramientas y procesos de aplicación profesional) el know how, asociadas con determinadas necesidades de la estructura de empleo y del mercado de trabajo en un momento dado.
3. [Competencias actitudinales] que se orienta hacia los valores, principios éticos y deontológicos y en general a las actitudes de los estudiantes y profesionistas en su ejercicio profesional, donde las actitudes tienen más que ver con la lealtad, la responsabilidad y el respeto al orden establecido.5
Pero nuestros flamantes egresados poco saben de los fundamentos económicos y políticos en torno a los cuales se articulan los constructos noticiosos y en general mediáticos, aunque lo intuyan, carecen de elementos precisos para identificar, por ejemplo, que la oferta televisiva más elaborada se organiza en torno a una propuesta de entretenimiento centrada en la violencia justificada o avalada por la supuesta defensa de la "legalidad, la "libertad" y la "democracia"; en concursos triviales, series rosas, comicidad agresiva e irrespetuosa y reality shows de mala factura y peor calidad, o que la estructura noticiosa descansa en torno a tres aspectos: eje farándula con su propuesta de cultura "ligth" y los chismes entretelones; eje de la noticia espectáculo y el marketing político y el eje de los deportes. La emisión radiofónica, al margen de su sustento musical variado, favorece el talk show con teléfono abierto y el golpeteo o la apología política, combinados; o la prensa escrita cuyo formato centra su atención en el desastre, el escándalo, la catástrofe y la política espectáculo...6 elementos todos que coadyuvan a mantener, dar continuidad y justificar una condición de atraso y dependencia. No voy a entrar en detalle respecto al entramado característico de los diferentes formatos y de la manera como se reproduce este orden de cosas, muchos autores han dado ya cuenta de ello.7
El fenómeno de la pancomunicación se está volviendo omnipresente, no existe actividad en este mundo globalizado, en esta sociedad de la información y el conocimiento que no esté atrapado en la trama de las tecnologías y los contenidos de la información, de ahí la necesidad urgente de su tratamiento en los programas de formación profesional.
La visión actual de las propuestas y la oferta de carreras en las universidades públicas, está convirtiendo a la educación profesional en una mercancía, ya no tiene más el sentido de un derecho a la cultura consagrado en una constitución social, claro, en el discurso se sigue y se seguirá manejando como tal, pero en la realidad, tiende a convertir las profesiones emergentes en fórmulas de capacitación y calificación de fuerza de trabajo bajo los parámetros dictados, principalmente, por los grandes capitales internacionales, en donde el conocimiento, es el valor agregado más alto de todo tipo de productos, (y se espera que todo quepa en este concepto). El propio derecho a la información está inscrito en este perfil mercantilista. Por tanto, si la educación para los medios a nivel profesional no es, por el momento, útil a los procesos productivos y de servicios, su implementación no es importante, puede incluso llegar a ser peligrosa.
No resulta sorprendente, en este esquema, encontrar un desconocimiento casi completo entre profesores y estudiantes universitarios del sentido y significado de estos conceptos, o, en el mejor de los casos, una aguda confusión de las dimensiones que se tejen en la relación medios y educación, así, algunos profesores creen que utilizar recursos o contenidos mediáticos en sus clases y asignaturas es educación para los medios, o que llevar cursos de manejo de nuevas tecnologías en comunicaciones (computación, distintos tipos de software, navegación en internet, etc.,) lo es, o bien que la educación para los medios es un área que corresponde únicamente a las carreras de comunicación, periodismo o ciencias de la información.
Existen sin embargo matices y diferencias en cuando menos cuatro campos de actividad que es preciso puntualizar brevemente:
• La educación con los medios comprende la utilización de recursos mediáticos en las actividades docentes, como apoyo o complemento de los procesos de enseñanza aprendizaje. Aquí caben también los esfuerzos de televisión y radio educativa, que datan, en este último medio de 1947, cuando Radio Sutatenza, en Colombia, inicio transmisiones para la instrucción de adultos en el medio rural.8
• Los medios como educadores implica la utilización de contenidos que aparecen en los distintos medios como datos ejemplificadores o de referencia, incluyen también modelos a seguir y tendencias de actualidad sobre las cuales se trazan patrones de comportamiento o criterios para la toma de decisiones.
• La formación de profesionales de los medios, que corresponde a la estructura de programas de periodismo, ciencias de la comunicación y la información y disciplinas afines.
• Y propiamente la educación para los medios o educomunicación, que involucra un conjunto de componentes y significados tales como
a. La identificación de los ejes fundamentales y las características de los formatos y soportes de cada medio así como sus alcances y limitaciones.
b. La llamada epistemología de la noticia; que comprende su origen, modo o método de obtención, valor de la noticia en su sentido periodístico y criterios de verdad.
c. La definición y características de fuentes primarias y secundarias que constituyen la materia prima de sus contenidos, tratamiento y problematización.
d. Los sesgos en la información.
e. Los intereses económicos y políticos que subyacen en cada empresa informativa.
f. Los códigos ocultos y lecturas diversas a la información y su relevancia y significado.
g. Los derechos y restricciones legales, censura y autocensura.
h. La segmentación de la información mediática, de acuerdo con las características de las audiencias, entre otros
Otro aspecto ambicioso de esta propuesta formativa es enseñar a los estudiantes y de alguna manera, a las audiencias en general, a negociar los contenidos mediáticos y a producir sus propios mensajes, incluidos los mecanismos para situarlos en el circuito de los medios.9
Algunos esfuerzos han empezado a fructificar con la oferta esporádica de cursos de actualización para profesores, diplomados, inclusión del tema en las revisiones curriculares, en las academias y en los programas de educación continua, básicamente.
Pero no es suficiente.
La influencia sutil que se ejerce en cuanto a posturas de política institucional, o la fuerza de la tradición o simplemente la resistencia al cambio, determina lo que los profesores están dispuestos a emprender en sus cátedras, muchos son críticos, pero adolecen de la falta de herramientas conceptuales y tácticas para abordar una educación para los medios enraizada de manera profunda en la concepción misma de la educación superior. Me explico, en los curriculum académicos no basta con incluir asignaturas de análisis mediáticos, esta práctica, debe ser de modo que atraviese todos los contenidos y actividades académicas. Los medios no son otra instancia más del entorno que hay que conocer, son esencialmente el fundamento de todo conocimiento del mundo y su actualidad, los medios nos dicen, como bien apunta Esteinou, lo que conviene saber y por qué, lo que debemos saber, lo que es correcto o inadecuado, lo que es normal y lo que es anormal, etc.10
Creemos que en la medida en que se generalice en las universidades e instituciones de educación terminal esta práctica, encontraremos apertura y espacios para nuevos formatos, funciones y contenidos en los medios, y una mayor participación para propuestas alternativas de todo orden, que buena falta le hace a nuestra compleja y conflictuada sociedad.
Los medios de comunicación están paulatinamente dejando de ser coto cerrado de empresarios, políticos y periodistas y están abriendo su espectro de participación, cada vez más a la cultura general y profesional, pero advertimos en los estudiantes y profesionistas noveles poca instrucción para participar activamente en la generación y puesta en circulación de sus propios mensajes, y las audiencias en general, todavía negocian por lo regular sus preferencias informativas anclados en la propuesta de entretenimiento y de la información espectacular. Asumir el reto de incorporar elementos de formación y educación para los medios desde los objetivos institucionales, los diseños curriculares y las propias actividades docentes en la educación superior, es un paso impostergable para conseguir que nuestros buenos profesionistas, en todas las áreas de formación, sean también, buenos comunicadores y que nuestras audiencias, afronten con otra mentalidad, la construcción de la tan anhelada democracia latinoamericana.
En este artículo el autor nos habla de la educomunicación o educación para los medios, destacando la necesidad de incluirla en los niveles académicos superiores.
El autor empieza con una explicación sobre lo que pasa (pone varios ejemplos) en relación a la “realidad” creada por los medios de comunicación. Los medios dan un tratamiento a los asuntos o noticias de tal manera que crean su propia “realidad”. La gente, al percibir noticias a través de los medios, cree estar informada, cuando en verdad sólo está enterada de lo que ese determinado medio que vio o escuchó le presentó.
El artículo continúa con un breve análisis de los medios de comunicación. Explica que éstos, en general, hacen lo posible por presentar la noticia de manera objetiva, clara y comprensible. Los profesionales tienen un compromiso con la veracidad, ya que de ella depende la vida de la industria.
Aunque la tarea de educar y formar criterios no corresponde a los medios de comunicación, sino al ámbito académico que es el que tiene que intentar que las audiencias tengan criterio propio, es decir, ver y oír con ojos y oídos críticos.
Seguidamente se hace una exposición de cómo falta el componente de la educomunicación en la formación académica, sobre todo en el nivel universitario. Esto provoca el analfabetismo mediático y el analfabetismo informativo. La alfabetización informática es la que permite transformar la información en conocimiento. Para explicar la alfabetización mediática, el autor cita a José Martínez de Toda y Terrero, el cual explica lo siguiente:
“Educación para los medios es un proceso que busca formar e informar en el sujeto un conjunto de dimensiones educativas que empiezan por la alfabetización mediática; es decir, generar una mentalidad consciente, activa, crítica, social y creativa. Tal educación debe permitirle participar como generador, y no sólo como audiencia pasiva en la cultura popular contemporánea, tal como es presentada en los medios masivos."
Incluir la educación para la información y la comunicación en los programas educativos permitiría, entre otras cosas, conocer los fundamentos económicos y políticos de los medios de comunicación para así saber cómo articulan las noticias.
La actividad de la información y el conocimiento en este mundo globalizado es omnipresente, lo que hace más urgente la formación académica en información y comunicación. Aunque el autor observa que si la educomunicación no es útil en los procesos productivos y de servicios pierde importancia.
Según el autor, la educación para los medios no es un área que compete sólo a las carreras de comunicación, periodismo o ciencias de la información. Explica, además, que la educomunicación requiere de varios componentes y significados como la identificación de los formatos y soportes de cada medio, conocer el origen de la noticia, tener conocimiento de las fuentes; saber de los sesgos en la información; conocer los interese políticos y económicos de la empresa informativa; estar al tanto de las diversas lecturas de la información y sus códigos secretos; saber de los derechos y restricciones legales; y ser conscientes de la segmentación de la información mediática.
A continuación nos habla de la problemática de incluir la educocomunicación en la vida académica. Enumera, para ello, varios problemas, desde el que presentan la tradición y la resistencia al cambio hasta el de la falta de herramientas de los profesores. Nos explica, además, que no bastaría una asignatura específica, sino su inclusión en todas las materias.
La alfabetización mediática e informativa abrirá los medios de comunicación, permitiendo la inclusión de los mensajes de las audiencias.
En la comunicación, como proceso de construcción, circulación y recepción de mensajes, el público aparece como la parte más débil. Los medios de comunicación, como “fabrica” de noticias, crean una tensión entre lo real y lo ideal, por lo que se hace necesario conocer su “lenguaje”, y así saber cuánta verdad hay en sus productos.
La comunicación a menudo se convierte en propaganda e influencia, por lo que un grado elemental en educomunicación de la generalidad de la audiencia rebajaría el listón de las demagogias interesadas.
Estoy con el autor en que hay que crear herramientas para que la sociedad civil evalúe la calidad de la información y pueda hacer una lectura crítica del material que recibe.
Personalmente pienso que el nivel de las audiencias no es tan bajo y su capacidad para ser manipulados tal alta. Esto viene de que la gente aprende a escuchar escuchando y a leer leyendo varios medios de distinto corte. Aunque eso sí, una ayuda en los niveles académicos permitiría al público ser más fuerte, tener más ases, a la hora de “negociar” la oferta informativa con los medios. En este caso, la actitud reflexiva que nos da el ojo crítico tendrían que tenerla los medios. Esto evitaría escapar de las explosiones de actualidad que conllevan al fin a la nada mediática. En esta sociedad medial, la audiencia al ser la que “paga” debe exigir, pero para eso hay que conocer el”paño” y evitar que se vendan noticias con defectos o manipuladas de “fabrica”.
: WWW.saladeprensa.org/art492.htm

Pilar Varas Vasquez dijo
por favor quisiera saber como es mas facil enseñar las vocales
7 Abril 2007 | 11:15 PM